La guerra…

Nochecanalla

        –Las  personas que han visto la guerra allí –decía– hablan distinto. Quizás usted se haya dado cuenta también. Yo empecé a fijarme en mi abuela. Perdió la visión cuando era joven y aún así parecía enterarse de todo. Se sentaba en el patio de nuestra casa, en una suerte de cama que tenía por “somier” una cuerda de esparto trenzada. No era, precisamente, cómoda. Pero era lo que había. Mi abuela se sentaba allí e incluso en las noches más calurosas dormía en el patio, sobre el mismo esparto duro trenzado. A veces se aflojaban las cuerdas y la “cama” parecía más bien una hamaca. Recuerdo que mi abuela lo preguntaba todo con un tono de autosuficiencia. Como si, aún antes de preguntar, diera por hecho las respuestas. Preguntaba por preguntar, como para hacernos ver que los que han estado en la guerra lo han aprendido…

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