Crecer

De Barbas y Boinas

En realidad, ¿por qué vivimos? ¿cuáles son nuestras motivaciones? De niños no somos muy diferentes de los animalitos. Actuamos por pequeñas recompensas como caricias o juegos: igual que se amaestra a un perro, aprendemos modales de pequeños. Y está bien, no entendemos más y es suficiente para que avancemos. Pobres de nosotros, que nos conformamos con un sonajero.

Cuando crecemos es peor, en la adolescencia más que reforzamiento positivo, tenemos reforzamiento negativo, con castigos o privando a los chavales de la inestimable compañía de su teléfono móvil. ¿Pero qué sería de nosotros si no nos hubieran reconducido en la “buena” dirección?

Más adelante somos nosotros mismos los que nos regulamos con el miedo a perder el trabajo, a no poder pagar una hipoteca… Y así nos hacemos viejos. Nos jubilaremos en algún momento, y entonces será el momento de reflexionar: ¿valió la pena?

Una vez me contaron un cuento: esto…

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