Una decisión difícil

Cada día, con una mirada nueva..

El temblor de la lumbre del fuego en la chimenea, aportaba una luz mortecina, débil, temblorosa. El reflejo de los objetos iluminados del comedor, les hacía oscilar al tiempo que el crepitar de la chimenea devoraba los rescoldos al rojo vivo.

Los vi levantarse, moverse pasillo arriba y abajo. En movimientos acordes, repetidos hasta la saciedad. Cada tarde, acompasados, suaves, movimientos precisos, aunque sin energía, él, tras coger la cartera, se colocaba el abrigo. Ella, tras el breve pero inevitable viaje al cuarto de baño, se calzaba unas deportivas. Un poco de perfume, ruido de armario, el suave siseo de la bufanda deslizándose por el cuello, una chaqueta elegida al azar..

Me doy una vuelta sobre mi mismo. Estiro las patas. Esbozo un rugido complaciente. La gata, -esa estúpida indolente- me observa desde lo alto de la mesa.

– Ya te pillaré un día, ya. -me escucho pensar mientras mi dueño busca una correa-

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