SIN PERDÓN

josé ángel ordiz

Apenas había gente en la iglesia para despedir al fallecido, otro viejo al que la vida había matado, nada del otro mundo. El cura, con más años a las espaldas que el muerto, apenas hueso y piel tanto el cadáver como el oficiante, habló de nuevo con una voz desmayada por la edad: «Qué decir de nuestro hermano…». Miró hacia la derecha, hacia donde estaba sentado el coadjutor, muy joven y muy sobrado de carnes. «Qué decir de…». Volvió el cura a callarse, a mirar hacia la derecha. Al fin entendió su ayudante lo que le sucedía y se levantó del asiento para socorrerlo, para recordarle el nombre de la persona que había escrito versos en sus años mozos, estos versos heridos

No dispares,
guerrillero que vas,
es una niña,
guerrillero que no vienes,
jugando, inocente,
a esconderse de ti,
de la muerte.

o estos otros

Cuando se libere
el…

Ver la entrada original 117 palabras más

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s