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Johan Cladheart

El disparo.

Solo en el parqué, buscaba respuestas y aquel revolver cambió el destino. Olvido pronto que el impasible oro es demasiado valioso. Recordarlo me devuelve a la realidad. Aquel ruido, el disparo, me enloqueció. El ánima vuelve a quemar los cartuchos a mi ser disparado. Me calmó. Pensé en el presidio; un silencio atroz. En la sala, después de unos segundos, sonó un tono quedo. Detrás del viejo bar no se veían más que sombras. Pérdidas que se hicieron demasiado grandes para él. Ultimó la preparación de la venganza. Era importante que cantara antes de vengarse. Iba a vaciarse.

Él calculó con frialdad. Era fácil para él. Barrió los alrededores con la mirada. Bastaba con eso. Me descubrió. Mi cara seria. Para verla, busqué algún espejo sin suerte. En el cartel —lo habían enseñado bien— ponía «cerrado». Él gestó la idea para dejarnos solos. Fue eficaz, lo reconozco. Entre las sombras, sonó el cargador. En…

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