La Presa y el Cazador

En el Jardín Inglés

Esos ojos traviesos que me miran a través de la cristalera, erizándome la piel, me devuelven el recuerdo de días oscuros y noches eternas. Me arrastran al borde del abismo de la locura y me fallan las fuerzas otra vez.

Con la mirada fija en la suya, dejo unas monedas sobre la mesa, junto al café intacto. El camarero me dice algo que no entiendo, al tiempo que abandono la cafetería.

El viento gélido me golpea la cara, para llevarse el sentimiento de presa y despertar mi instinto de cazador.

Ya le he matado una vez.

Que empiece el juego.

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