Nocturno

Mensajes sin remitente

Pasé por su calle. Vi su casa. La ventana por donde entraba los viernes y salía los domingos. Con la luz. Que da al jardín. Donde había un coche atravesado. Había un imbécil trajeado. Con un cigarro que se consumía más lento de lo normal. Sonrió, mientras mi estomago golpeó mi garganta. El imbécil con el cigarro sabe donde está. Pero no donde se mete. Ni se lo imagina. No sabe que se pondrán a dos cientos. Sin usar el volante. Ella no tiene radares. Ni límites. Ella no es el terremoto. Es la sensación que te deja el terremoto. El saber que el mundo se ha movido. Que todo se ha roto. Y puede haber una replica en cualquier instante. Con ella siempre vas tarde. La baraja esta repartida antes de que llegues. Y te das cuenta que sólo hay dos jodidos comodines. Y confiar en la suerte es…

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