Quema

Mensajes sin remitente

Un día me preguntó dónde acababan todas las líneas que escribía cuando quería. Lo quemo todo -Mentí-.
Ella nunca supo que empecé a escribir cuando cambió mi mundo, como si fuera un historiador que fue a marte demasiado pronto. Lo jodido del amor es que quieres aun cuando sabes que acabarás andando por el acantilado y al mirar abajo, él te devolverá tu mirada. Si algo he aprendido es que los sentimientos entienden más de sonrisas que de tiempo. Y yo empecé a valorar lo primero cuando me faltó lo segundo. Aún guardo todas mis palabras por sus labios. Pero la cobardía pactó con el miedo para hacerlas invisibles, como ese cazador cazado que huye hacia adelante. También tengo tatuado el mapa del tesoro de sus besos, por si el túnel de la salida de emergencia termina con puerta giratoria. No me quedan sonrisas cómplices para combatir el silencio de…

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