Las pequeñas cosas

Rapidín

CAPÍTULO I

Pequeñas cosas, como ese laguito tan feo que está del otro lado de la ciudad, con un montón de patos grises con picos chuecos, créeme que allí no hay nada que te pudiera hacer feliz, hasta que llegabas con los bolsillos llenos de pan y de besos, y ahí nos veías a los patos y a mi, comiendo de tu mano.

CAPÍTULO II

Solíamos disfrutar de los saltos de la aguja tanto o más que de los vinilos, era divertidísimo imaginar a Ella Fitzgerald con un hipo que no la dejaba cantar de corrido “Comes Love” y cuando uno comparte esas cosas pequeñas, nothing can be done.

CAPÍTULO III

Le llamábamos eternidad, a esas ráfagas de besos bajo los árboles, a esos viajes de tres horas del trabajo a la casa, le llamábamos eternidad a nuestra locura y era tan sólo un huésped, es la soledad…

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