El último domicilio

Icástico

Serían las 2 de la madrugada cuando los ancianos sintieron ruidos en el interior de la vivienda. Para ser exactos fue ella quien primero se percató. Despertó de un codazo al marido: ¡Pepe, Pepe, hay alguien en casa! No sabían con exactitud de donde provenían ni a qué podrían corresponder, si se trataba de un objeto en movimiento desprendido de su sitio, si de una persona o un animal. Las dos últimas hipótesis valdrían. Vivían en un entresuelo al que se podía acceder con cierta facilidad, si alguna ventana quedaba abierta. Esto último no se debía descartar; había sido un caluroso día de verano y cualquiera de los dos podría haberse olvidado de cerrar alguna de las cuatro que daban a la calle, que normalmente abrían en la temporada estival. Pero no era momento de dudar, ni tampoco de recordar. No era tiempo de pesquisas y posibles reproches. Solo de…

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