Romance del muerto

Johan Cladheart

Ella llamó muy nerviosa,
gritando fuerte mi nombre,
pretendía que yo viera,
que por lo que fuese o fuera,
había hallado a algún hombre
tan tieso como una losa.

¿Cómo es eso? ¿Qué me dice?
¿Es seguro? ¡No es posible!
¿Un muerto se halla en el sillón?
¡Le apostaría un millón,
esa historia no es factible!
Cerciorarme fue lo que hice.

Así llegamos al salón,
dando vueltas cual tiovivo,
formando una algarabía,
No era un muerto lo que había,
que lo que había era un vivo,
pero viendo televisión.

Tratamos de revivirlo,
mas nada lo despertaba,
no quiso libros ni abrazos,
nos echaba con los brazos,
pues, según él nos gritaba,
queríamos confundirlo.

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