Ella

Mensajes sin remitente

Me miró como sólo ella sabe hacerlo, me agarró las manos para sostenerme el aliento y me disparó un “volvamos a empezar”. Me lo dijo como si desnudar las cicatrices no doliese. Como si el tiempo hubiera borrado todas sus huellas que aún rodeaban mi cama. Como si el olvido de cada uno de sus cómplices recuerdos no se hubieran complicado en besos sencillos. Y empezamos por desandar los pasos, por desvestir los fallos. Por echarnos en cara la desgana, por mirar hacia otro lado en cada esquina de la cama. La confianza vuelve con los hechos y las mejores de las palabras cerraron el círculo de la esperanza. Me dejé guiar por sus desvelos, escuché su risa en cada vuelo e hice de su sonrisa el mejor momento de mis sueños. Pero, por primera vez, llegó la noche menos pensada. Y juro que quería todo lo que tenía…

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