De noches y confesiones

Mensajes sin remitente

Antes de enamorarme sabía que ella también lo haría. Y así fue, que antes de confesármelo ya sabía que me quería. Me lo contó una noche con grados de más, al oído como ese secreto que cuentas con más miedo a la respuesta que a su dispersión. Nosotros aún teníamos el temblor en el cuerpo por el terromoto en lo más dentro. Había otra vida nuestros labios, otro sabor en los recuerdos. Nuestras manos, como tantas otras, se entrelazaron cuando dejamos de avanzar caminando hacia atrás. Ella era la única que no llevaba disfraz en este mundo de caretas. Pensamos tanto en dar el primer paso que muchas veces no lo damos. Usamos tanto condicional que empezamos a vivir encarcelados. Pero qué mejor que quién te ha causado el nudo en la garganta, te desnude. De tus miedos, del temor a la réplica de los temblores. Y yo que…

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