Aclaraciones a sus reclamaciones

Ratón de biblioteca

                     Después de mis últimas reflexiones sobre los diferentes tipos de pulsos, he recibido varios comentarios de personas, colectivos y entes notablemente molestos. Veo, por tanto, necesario puntualizar, matizar, suavizar y -hasta en algunos casos- enfatizar mis palabras. Vayamos por partes.

                    Cuando hablaba de echar un pulso con la mirada, alguien dedujo que todo aquel que osara poner sus ojos en los míos, caía fulminado, como Saulo de Tarso en el camino a Damasco. ¡Por favor!. En mis cincuenta años de vida (intensa, eso sí) habré mandado al hospital a media docena como mucho. Nada grave: pequeñas lesiones oculares, privación transitoria del habla, taquicardias, sudoración, temblores y tonterías parecidas. Una visita al enfermo, unas flores  (mejor unos bombones que se pueden comer. Siempre te los ofrecen, aunque los hayas llevado tú)…

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