Algo muy dulce

Ratón de biblioteca

Un miércoles de diciembre,

yendo al cine por costumbre,

risueño y de buena gana,

llegó Eduardo una mañana:

me salió en un huevo Kinder

viendo un corto de Fassbender.

Del bocado tan potente

de mi boca saltó un piño:

todo sea por cariño,

un hijo bien vale un diente,

París bien vale una misa

y yo me tapo la risa.

Nadie extrañe sus maneras,

pues educado es, de veras,

pero es norma en mi familia

sorprender aun en vigilia:

a este mundo vine yo

enroscada cual yoyó,

sin saber nada de leyes

en un buen roscón de Reyes.

La sorpresa fue mayúscula

y, aunque yo era minúscula,

un molar salió volando

de mi madre, que llorando

de alegría y por su muela,

me acostó en una cazuela.

De Pastriz llegó un día

una caja de rosquillas:

rosadita y en mantillas,

mi madre al mundo venía.

Y, mi abuela, muy perpleja,

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